La enseñanza en pleno siglo XXI ha tomado nuevos
horizontes, nuevas formas de ser pensada y por supuesto, una manera distinta de
desarrollar las prácticas que en este campo se entretejen, más aun con la
presencia imperante de las tecnologías de la información y comunicación.
Ahora bien, a lo largo de la historia el proceso
formativo siempre ha conservado como propósito apropiar el conocimiento que
durante miles de años ha construido la humanidad o por lo menos fue esa la idea
que perduró hasta la arremetida de la era de la industrialización, donde esta
meta de conocimiento se traspaló a la adquisición de competencias. Sin embargo
la esencia misma del acto de enseñanza le ha exigido permanentemente preguntarse
sobre su pertinencia, en tanto debe tener en cuenta las necesidades de
aprendizaje y el contexto de quien aprende; la metodología empleada, pues una
buena planificación y ejecución de las estrategias de enseñanza constituyen un
elemento fundamental para alcanzar aprendizajes significativos.
Esta reflexividad del acto de enseñanza se halla
circunscrita en uno de los componentes de mayor importancia en el proceso
formativo, la evaluación. La misma como parte fundamental del acto de enseñanza,
debe estar presente a lo largo y ancho de todo el proceso. Al inicio como
herramienta de diagnóstico para detallar el estado actual de los aprendices en
materia de saber que se disponen a aprender; durante el proceso en sí, para
analizar la pertinencia de las estrategias empleadas sino también para
facilitar el aprendizaje de los estudiantes; y al finalizar el proceso, más que
medir que tanto se aprendió, para atender dos asuntos fundamentales: aplicar
esos aprendizajes en situaciones cotidianas y derivar en procesos de transformación
del entorno. (Quinquer,1999)
Esto conlleva a pensar en la evaluación como un elemento connatural al proceso
formativo.
En el caso de los ambientes virtuales de aprendizaje,
la evaluación adquiere una posición de gran relevancia y un recurso estratégico
para quien modera los aprendizajes, ya que se configura como una herramienta ideal
para orientar las acciones pertinentes que conlleven a los estudiantes hacia
aprendizajes más significativos.
Partiendo de estas percepciones y atendiendo las
actividades propuestas en el curso DocTIC, de modo particular, se evidencia un
acompañamiento tutorial no solo permanente y puntual entorno a la precisión en
las observaciones, sino también retroalimentado enfocándose en las acciones
pertinentes que ayuden a reencausar el aprendizaje atendiendo las necesidades y
particularidades de quienes aprenden.
Referencias:
Quinquer, D. (1999). Modelos y enfoques sobre la evaluación: el modelo comunicativo. Dialnet.
(80), 54-57.
Deiner, es muy importante lo que asumes como evaluación desde la experiencia que hemos tenido en el curso, pues ahora queda un compromiso muy grande y es volcarlos hacia tu ejercicio docente y que sean tus estudiantes quienes salgan beneficiados.
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